sábado, 12 de diciembre de 2015

Comprendí que no es justo derrumbarme por alguien que ha decidido partir




De niña pensé que la mejor forma de saber si un amigo era verdadero era ver como este reaccionaba cuando estuviéramos pasando por un mal momento. Esta según yo, era la fórmula mágica para determinar si Rosita y Juanito eran “de los buenos” o “de los malos” amigos. Creo que aprendí mal la formula… y debería ser al revés: aprendemos a conocer a nuestros amigos, quizá de una mejor forma cuando estamos “en las buenas”.
¿Alguna vez sentiste que alguien era tu espacio seguro donde caer?
Digo esto porque recientemente viví en un caos con las personas más cercanas a mi vida que empezó cuando de verdad espere y me aferre de quienes se llenaban la boca diciendo que eran mis amigos.
Mi madre siempre me ha dicho “no esperes tanto de los demás” sin embargo siempre he creído firmemente en que soy mi propio libro. Me reescribo, me subrayo, me agrego páginas, me arranco otras que duelen. Y dejo en blanco una última hoja, siempre. Pues a veces toca pasar por lugares donde te subestiman, no te valoran y te dejan de lado. A veces toca para aprender, siempre y cuando no te demores ahí.
Una de las mayores decepciones de crecer es ver que a la gente buena, aunque haga todo bien, también puede irle como el culo en la vida y yo sé que todos somos diferentes, que no todos tenemos el mismo corazón, que no todos sentimos igual, y no me gusta juzgar las acciones de otras personas, pero me cuesta mucho entender a gente que no sabe pedir disculpas. Si hiciste algo que sabes que le dolió a alguien que te quiere, tal vez sin querer, o tal vez no, ¿por qué no puedes decir simplemente un "lo siento"? Eso no te hace menos persona. Yo no podría ni dormir si sé que algo que hice pudo haberle hecho doler siquiera la punta del pelo a alguien que me quiere, por eso cuando alguien me hizo algo feo, no lo perdono. Porque si lo perdono y me vuelve a dañar; ya no lo puedo culpar, la responsabilidad es mía, y es quizás por ello que siempre he tratado de ser buena con esa gente que te incluye en su vida, te abre las puertas de su casa y te comparte sus lugares favoritos;  que te rescata cuando el mundo se pone malo. Un rincón de seguridad, un pedacito de paz, pues es gracias a que me he aferrado a esa gente que comprendí que cuando eres buena persona la vida sola hace que te rodees de buenas personas. Uno no elige, la vida te elige el cómo, cuándo y por qué te pone en el camino a gente que te salva la vida sin darse cuenta y te hace comprender que a pesar de que el precio que pagas por guardarte lo que necesitas decir, termina siendo más alto que el de enfrentar a quien te daña, volverías, si fuera necesario, a vivir todos tus  años con sus días imperfectos y sus noches dolorosas... para ser la persona que eres hoy, pues a veces te ira bien, otras mal, pero después de todo y al final del día siempre podrás ir a dormir con el corazón tranquilo. Eso es lo que importa.
Hoy no pasa un día en que no de gracias por haber recibido esta enseñanza, tal vez Parezco igual, pero soy otra. El cambio más radical, es ese que es imperceptible por fuera, pero vigoroso por dentro y  Me siento feliz cada vez que hablo a la gente de bien, Amigos que se animan a decirme lo que no quiero escuchar, corriendo el riesgo de que me enoje, sólo para ayudarme a reaccionar.
Porque comprendí que son los años los que te ponen y te quitan a la gente del camino. “Si al final de la vida, tenemos un solo amigo, deberíamos de darnos por bien servidos.” Y sí, es cierto. Lo que también es cierto es que antes de entregarle toda la confianza, secretos, y atención a las demás personas, deberíamos de analizar si estos personajes están de paso en nuestras vidas o si realmente vale la pena invertirles tanta energía.
Creo firmemente en que todos debemos vivir con la conciencia en paz y hacer el bien sin mirar a quien, pero también debemos de vivir con los ojos abiertos a esas señales tan abiertas que nos manda la vida. A menos que estés muy bien y que le puedas ayudar a Juanito, pareciera que pocos son los que se alegran por tus triunfos, se entristecen por tus caídas, y más aún, los que te acompañan en los momentos buenos y malos de nuestras vidas.



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